jueves, 27 de enero de 2022

Salud mental infanto-juvenil

Cuando pensamos en salud mental, lo primero que nos viene a la mente es la típica imagen de una persona con esquizofrenia, siendo atendida por un conjunto de médicos, fármacos, y todos aquellos tópicos que salen en las películas.

Sin embargo, la salud mental es algo más que esa imagen tópica. La salud mental incluye nuestro bienestar emocional, psicológico y social y afecta a la manera en que sentimos, pensamos y actuamos. Influye en nuestras decisiones, en nuestras relaciones y en nuestra manera de afrontar la vida. 

Entonces, ¿por qué es importante la salud mental?

  • Porque nos ayuda a estar bien físicamente.
  • Porque nos ayuda a afrontar el estrés de cada día.
  • Porque nos ayuda a establecer relaciones sociales sanas y satisfactorias.
  • Porque nos ayuda a desarrollarnos personal y socialmente.
  • Porque nos ayuda a tener una vida plena.
  • Porque nos ayuda a desarrollar nuestro máximo potencial.
  • Porque nos ayuda a conseguir nuestros objetivos.

Y si la salud mental es tan importante, ¿por qué no cuidamos la salud mental de los/as más pequeños/as?

La Fundación ANAR, en el informe realizado en el año 2020, pone la voz de alarma sobre la salud mental infantojuvenil. Es cierto que la pandemia y el confinamiento nos han producido secuelas físicas, psicológicas y sociales a todos y todas. Sin embargo, en la infancia y adolescencia, esta situación ha disparado los problemas psicológicos de manera preocupante. 

https://www.observatoriodelainfancia.es/ficherosoia/documentos/7559_d_Informe-ANAR-COVID.pdf

Como docentes, ¿Cuáles son las señales a tener en cuenta para detectar un problema de salud mental en nuestro alumnado?

Cuando se trata de la salud mental, en ocasiones resulta complicado saber qué es normal y adecuado a la edad y qué es un problema. Sin embargo, debemos tener en cuenta estos signos de advertencia:

  • Tienen poca energía, no les apetece hacer nada.
  • Se aíslan de los demás o dejan de hacer actividades que antes les gustaban. Dejan de salir con los amigos.
  • Cambian sus hábitos alimenticios (comen en exceso, o no comen) o de sueño (aumento o disminución de las horas de sueño).
  • Manifiestan dolores o molestias inexplicables. Pueden tener nauseas, vómitos, gastroenteritis... sin una causa física.
  • Muestran nerviosismo y ansiedad ante determinadas situaciones o sin un motivo claro.
  • Están poco motivados, se olvidan de hacer los deberes o de estudiar para un examen.
  • Están tristes, lloran sin un motivo aparente (o por todos los motivos), o se encuentran irascibles y coléricos.
  • Se muestran enfadados o asustados sin un motivo claro. Se pueden mostrar crueles, déspotas o "insoportables".
  • Pueden cambiar su forma de relacionarse con los demás.
  • No les importa nada.
  • No sonríen ni se muestran felices.
  • Tienen cambios de humor que afectan a las relaciones con los otros o dentro de la clase.
  • Tienen o verbalizan pensamientos y/o sentimientos negativos, de desesperanza o apatía.
  • Piensan en autolesionarse, o ya lo han hecho.
  • Empiezan a tener dificultades en el colegio o instituto, suspenden cuando antes no lo hacían, se meten en peleas...

Ante cualquiera de estos signos, es fundamental establecer contacto con las familias y con el/la orientador/a educativo del centro escolar. Las familias nos podrán comentar si la situación en el domicilio es buena o mala. El/la orientador/a educativo nos podrá ayudar a detectar si existe algún problema de salud mental y, derivar a otros/as especialistas que ayudarán a los alumnos y las alumnas a superar estas dificultades.

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